Los Santos son los protagonistas de la Historia.

El Nombre que nos imponen cuando nos Bautizan, nos hace únicos, y es el que como hijos de Dios determina nuestra misión en la vida para proclamar la Buena Nueva.

NO ABANDONES A QUIEN MÁS TE NECESITA

Hoy los cristiano estamos viviendo el tiempo de Pascua florida. Y ayer un pensamiento me turbó… Pensé ¿…?


El último robo: Cuando la tibieza de los vivos condena el adiós de los muertos.



 Porque ayer, bajo las bóvedas de Santa Catalina Thomás, asistí a una Misa de Gloria. Entre cantos de esperanza y el blanco de la resurrección, una inquietud amarga me asaltó: hoy en día, el desapego hacia lo sagrado ha llegado a rozar lo criminal. 


No hay nada más triste —y me atrevería a decir, más injusto— que ver a un bautizado cruzar el umbral de la muerte sin el Viático, víctima de la negligencia o la falsa prudencia de sus propios familiares. En ese momento decisivo, donde el tiempo se funde con la eternidad, se está librando un combate real. No es una figura literaria; es la batalla final. Los santos nos advierten que en esa última hora afloran los pecados, las pasiones y las omisiones, mientras el mal acecha para arrastrar el alma hacia la desesperación. 


Facilitar la confesión y la extrema unción no es un "detalle piadoso" ni un trámite opcional para cuando ya no hay esperanza médica; es un deber de amor absoluto. Omitirlo por miedo a "asustar" al enfermo o por simple desidia es dejar al ser querido desarmado frente al abismo. Es, en esencia, una traición espiritual. 


Es fácil buscar el consuelo de un Funeral o la solemnidad de las Misas Gregorianas cuando el cuerpo ya está presente. Pero la verdadera caridad, la que remueve las conciencias, es la que actúa antes. No esperes a que el alma necesite sufragios para el purgatorio si puedes darle hoy las llaves de la Gloria. La eternidad de los nuestros está, en gran medida, en nuestras manos. No les robemos su último auxilio.


"No permitas que tu silencio sea la piedra que selle su tumba antes de tiempo; sé tú el puente, y no el obstáculo, entre su alma y la Misericordia de Dios."

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